El primer conocimiento de la fiesta en honor a los esponsales de María data de 1517, otorgada por León X a las Monjas de la Anunciación.

En la fecha de las Vísperas de esta fiesta, la Iglesia se prepara para el evento que daría lugar a la Sagrada Familia.

Cuando la vida de María y la de José se unen, el culmen de la historia está más próximo que nunca. Está cercana la plenitud de los tiempos. La predestinada para ser Madre de Dios aún no lo sabe. Ha crecido y se ha hecho mujer. Pero la Trinidad Santa le prepara un matrimonio santo que custodiará su virginidad. 
José y María, en vista de su contribución al misterio de la Encarnación del Verbo, recibirán la gracia de vivir juntos el carisma de la virginidad y el don del matrimonio. La comunión de amor virginal de María y José, constituye un caso especialísimo vinculado a la realización del misterio de la Encarnación. El Hijo de Dios hecho hombre, Mesías de Israel y Redentor del mundo, había de nacer y crecer en el seno de una familia.

El Espíritu Santo, que había inspirado en María la opción de la virginidad con miras al misterio de la Encarnación y quería que ésta acaeciese en un contexto familiar idóneo para el crecimiento del Niño, pudo muy bien suscitar también en José el ideal de la virginidad.


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