En un barrio de Damasco llamado Soufanieh, se produjo, a partir de 1982, una aparición de La Virgen María aprobada tanto por la Iglesa Católica como por la Ortodoxa.
A corta distancia de la histórica casa de Ananías, donde Saulo se alojó después de su conversión, comenzó lo que se ha llamado “el milagro de Damasco”.

María Kourbet una joven de 18 años a la que llaman Myrna, católica del rito melquita bizantino y casada con Nicolás Nazzo, mientras oraba por su cuñada enferma junto con otras mujeres, comenzó a exudar aceite de sus manos.

Al imponerle el aceite a la enferma quedó curada de inmediato. 3 días después, la madre de Myrna fue curada de la misma manera.

El día 27 el aceite fluyó también de la parte inferior de una estampa de la Virgen María, mientras oraban, el aceite apareció en las manos de Myrna, que entrando en éxtasis, escuchó una voz suave de mujer que le decía: “María, no tengas miedo, estoy contigo. Abre las puertas y no impidas a nadie que me vea”. Al día siguiente un sacerdote católico, de la parroquia Nuestra Señora de Damasco, otros sacerdotes, oficiales del gobierno y un médico examinaron a Myrna y la estampita. Descubrieron que el aceite goteaba de la propia estampa. Le pidieron a Myrna que se lavara las manos y que rezara en su presencia; el aceite salió de sus manos.

Los exámenes han mostrado que parece óleo sacramental. Dos nuncios apostólicos han sido testigos de la sudoración de aceite de la imagen y de las manos de Myrna. En la casa de Myrna y Nicolás la gente se agolpaba. El matrimonio nunca cerró las puertas de su casa.

El 15 de diciembre de 1982, un gran número de personas estaba rezando delante del ícono. Myrna sintió que algo la impulsaba a ir a la terraza, levantó los ojos y vio a la Santísima Virgen. Ésta fue la primera aparición. 3 dias después la Virgen regresó y pudo hablarle por primera vez. En la parte alta de un árbol, Myrna vio un globo luminoso, que se abrió, en dos medias lunas; un arco de luz apareció sobre el cual estaba la Virgen María. Tenía un velo blanco que cubría su cabello y una capa azul.En su mano colgaba un largo rosario. La Virgen habló: “Mis hijos, acuérdense de Dios, porque Dios está con nosotros. Un día lo sabrán todo como Dios me conoce. Hagan el bien a los que les hacen mal, y no traten mal a nadie. Yo les di más aceite del que me pidieron y también les daré algo mucho más fuerte que el aceite. Arrepiéntanse y crean. Acuérdense de mí cuando estén contentos. Anuncien a mi Hijo, Emmanuel. Quien lo anuncie está salvado. Pido amor. Visitaré los hogares con más frecuencia”.

A partir de octubre de 1983 el aceite empezó a brotar de centenares de estampitas del ícono de Soufanieh, cuando la gente oraba delante de ellas.

Durante los éxtasis, también brota aceite de los ojos y de los pies de Mirna y, durante la misa, de su rostro y de sus manos. El 25 de noviembre de 1983, Myrna cayó en otro éxtasis y comenzaron los estigmas. La sangre fluyó de sus manos, pies y costado. Esto mismo ocurrió el Jueves Santo de 1984. Las heridas duraron 6 horas y luego se cerraron solas sin cuidado alguno.

Después de otras apariciones y éxtasis, el Jueves Santo de 1987, año en que la Pascua se celebró el mismo día en la Iglesia Oriental y en la Iglesia Occidental, Myrna recibió nuevamente los estigmas como una señal de que Dios deseaba la unidad entre las Iglesias. La Virgen quiere conversión de nuestros corazones para que con amor traigamos la unidad.

Los mensajes siguieron sucediendo. La imagen continuó exudando aceite y numerosas personas se reúnen a rezar en la casa de Myrna y Nicolás.

Las apariciones se realizan en la víspera de las festividades. Ella recibe los estigmas cada vez que se celebra la Pascua en unidad (Iglesias Católica y Ortodoxa). El pueblo de Dios, sensible a las señales del Cielo, ha plebiscitado los signos de Soufanieh: como hiciera otrora con la Medalla Milagrosa y las apariciones de Lourdes o de Fátima. También ha tenido visiones de Jesucristo y recibido Sus mensajes. Lo ve en medio de un resplandor en el que El es una luz más fuerte. No distingue los rasgos. Son dolorosos los estigmas.

El Sábado Santo de 1990 (14 de abril), después de los estigmas, Cristo le dijo a Myrna: “Hijos míos, ustedes enseñarán a las generaciones la palabra de unidad, de amor y de fe. Yo estoy con ustedes”.

Lo esencial del mensaje de Cristo a Myrna, el jueves de la Ascensión (31 de mayo de 1984): “ Reza para que se cumpla en todo la voluntad de Dios y di, Muy Amado Jesús, concédeme descansar en Ti por encima de todas las cosas, por encima de toda criatura, por encima de todos tus ángeles, por encima de toda alabanza, por encima de toda alegría y exultación, por encima de toda gloria y dignidad, por encima de toda la corte celestial. Porque sólo Tú eres el Altísimo, sólo Tú eres poderoso y bueno sobre todas las cosas. Ven a mí y consuélame. Rompe mis cadenas, y concédeme la libertad. Porque sin ti mi alegría es incompleta, sin ti está vacía mi mesa. Entonces vendré Yo para decir, -Aquí estoy; vengo, porque me has invitado”.


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