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“Y arrodillándose en la tierra, dobló la frente hasta el suelo...”

Postrarse con el rostro en tierra es la expresión bíblica más común para indicar la sumisión, el abandono, la veneración y, por tanto, también la oración.

De esta postura tenemos numerosos testimonios antiguos:

• Abraham se postra en tierra frente a los ángeles que le visitan (Gen 18,2).

• Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y postrándose rostro en tierra (Gen 19,1).

• El siervo de Abraham, en señal de agradecimiento por haber encontrado una esposa al hijo del patrón, “Cuando el siervo de Abraham oyó lo que decían, adoró a Yahveh en tierra.“ (Gen 24,52).

• Jacob, acercándose a su hermano Esaú, “se postró en tierra siete veces” (Gen 33,3).

No hay duda de que esta es la posición del cuerpo adoptada por quien quiere manifestar plena sumisión a la voluntad del que es más grande que él.

 Ponerse de rodillas es lo que nos enseña san Pablo en su oración de adoración. “Por eso doblo las rodillas ante el Padre, en quien tiene origen toda descendencia en el cielo y la tierra (Ef 3, 14-15).

🔸🔸 Arrodillarse es muy parecido al “postrarse rostro en tierra” ; nosotros los cristianos deberíamos redescubrir el valor de arrodillarse siguiendo el ejemplo de Jesús en Getsemaní.

Dios fue Él el primero que se ha inclinado hacia el hombre, como buen Samaritano, para socorrerlo y devolverle la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios.

🔸🔸 La santa iglesia se postra ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en Él está presente, el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el extremo de morir derramando toda su sangre para darnos vida eterna.
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