CULTURA DEL ENCUENTRO

Autor: Padre Saúl Abraham Che Chi


El Papa Francisco, como fruto del año de la Misericordia, ha invitado a toda la Iglesia a celebrar la Primera Jornada Mundial de los Pobres, que se realizará el próximo domingo 19 de noviembre. Su deseo es que “en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados” [1]. Será una oportunidad para desplegar actitudes evangélicas de misericordia, de cercanía, de escucha compasiva, mirada atenta, y compartir la oración y la alegría del amor de Dios por todos. “Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes a que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro, pero al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres con cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad” [2].
Nuestra fe en Dios Padre y Creador nos lleva a ver en cada hombre a un hermano. Cristo, por su encarnación, está unido de algún modo a cada ser humano, y este vínculo fundamenta la fraternidad universal y la altísima dignidad de cada hombre y mujer. Esta realidad nos compromete a una cultura del encuentro, a la defensa y a la promoción de la dignidad de todos y a cooperar por una sociedad más justa. Para esto, Jesús eligió el camino del despojo y de la humillación; ocultó su gloria en su vida pobre y en la oscuridad de su entrega, hasta la cruz. También hoy su gloria se mantiene oculta en la persona de los pobres y humillados, a los que sigue nombrando sus “más pequeños hermanos”, como en la parábola del juicio final [3]. Nuestra fe reconoce así la sublime dignidad de los pobres, y su calidad de ser signo de su presencia.
Ante esta Jornada acudamos a la escuela de la Virgen María quien conoce la fuerza transformadora del amor y de la ternura. “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura” [4]. Únicamente el gesto sencillo, cotidiano, cercano y atento, con la dulzura de la preocupación por las necesidades del hermano, hacen posible una transformación que es propia del amor. A ella le pedimos que esta iniciativa sea una oportunidad para que crezca el compromiso de todos en el amor hacia los demás y que afiance el caminar de nuestra comunidad en la que todos nos sintamos y seamos sus artífices de la CULTURA DEL ENCUENTRO.
P. Saúl Abraham Che Chi

[1] PAPA FRANCISCO, Mensaje I Jornada Mundial de los pobres, n. 6.
[2] Íbidem.
[3] Mt 25,40.
[4] PAPA FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 286.

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