El Rosario, una oración de la mano de María
Por: John Chaverra, L.C.
El mensaje de la Virgen María de Fátima sobre la importancia y el poder del santo Rosario fue revelado a los pastorcitos en el primer día de las apariciones, el 13 de mayo de 1917. Nuestra Señora pidió a los niños: “Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Este mismo mensaje lo repitió con insistencia la Santísima Virgen durante las seis visitas a los pastorcitos. En la última aparición, antes del milagro del baile del sol, la Madre de Dios se presentó bajo el nombre de “Nuestra Señora del Rosario”.
San Juan Pablo II decía que recitar el rosario es contemplar con los ojos de María la belleza del rostro de Cristo y experimentar la profundidad de su amor. ¡Quién mejor que una madre conoce a su hijo!.
La oración del rosario es a la vez una meditación, una súplica y una alabanza filial a la Madre de Dios:
Una meditación porque el rosario en su sencillez y profundidad es un verdadero compendio del evangelio. Cuando recitamos el rosario contemplamos con amor y recogimiento los principales misterios salvíficos de la vida de Jesús: en los misterios de gozo meditamos la encarnación y la niñez de Jesús. En los de luz reflexionamos en su ministerio público a través de la predicación y los milagros. Los misterios dolorosos conmemoran la pasión y muerte de Cristo para redimirnos de nuestros pecados. Y los misterios gloriosos nos invitan a alegrarnos con el triunfo de Jesucristo y experimentar el amor del Padre, el triunfo del Hijo y el gozo del Espíritu Santo.
Una súplica porque quien lo recita puede presentar a Cristo, acompañado con la oración de la Santísima Virgen, aquellas intenciones personales que están en el corazón: por nuestros familiares, por los hermanos que sufren, por la paz del mundo y por las almas del purgatorio. Hay que recordar, siempre que recemos el rosario, la promesa de que todo aquel que pone su confianza en María jamás quedará defraudado.
Una alabanza filial porque el rosario se une al canto del Magnificat de María al Padre y es un ramo de flores, hecho oración, que brota de nuestro corazón agradecido y se eleva hasta el cielo como homenaje de alabanza a Nuestra Madre y de adoración a la Trinidad.
Todavía estamos escuchando el eco de las bendiciones del centenario de las apariciones de Fátima, por eso les animo a seguir la invitación que el equipo del Fatimazo por la paz está promoviendo de convertirnos en instrumentos de PAZ de la mano de María por medio de la oración del santo Rosario.

Categorías: Fatimazo

Comentario