MADRE AMABLE
María, hoy te invocamos en las letanías como Madre amable. Expresión de una doble acción: hacia Ti nuestro amor, porque eres digna de ser amada; hacia nosotros tu amor, porque posees la más alta capacidad de amor.
Cuando alguien nos dice que una persona es amable, ¿qué es lo primero que pensamos? Alguien que por su manera de ser con el prójimo se hace querer con facilidad por los demás; alguien que resulta agradable escuchar; alguien que no se ofende con facilidad y sabe perdonar y disculpar con rapidez.
Amable es la persona que, por su actitud y su trato para con los demás, se hace amar. Es la persona que es agradable cuando nos dirige la palabra, es quien interpreta bien y sabe disculpar los errores ajenos. Amable es además quien acoge al que anda solitario, Quien se anticipa cuando ve una necesidad de ayuda… quien va a consolar donde hay algún dolor. La amabilidad sale de un buen corazón.
La amabilidad de la Virgen nace, se nutre y se dirige hacia el amor de Dios, por ello es diferente y superior a la simple cortesía y a la buena educación. Esto lo vemos en el episodio de la visitación de la Virgen María a su prima Isabel. “Cómo se me concede que venga a mí la Madre de mi Señor” (Lc. 1,43). Nada más saber por el Ángel que su prima iba a dar a luz, se puso en camino para ir a servirla. María es diligente y amorosa, consuela, ayuda, fortalece, sirve…igual que su Hijo. ¡Asombroso ejemplo de amabilidad servicial y humilde! Es elevada a la mayor dignidad de Madre de Dios, y acto seguido va a servir.
El anuncio actual de las enseñanzas de Jesús y de nuestra Santa Iglesia requiere de verdaderos testigos consagrados a la afabilidad, la amabilidad, la cordialidad en su entorno. Cristo pasó haciendo el bien con amabilidad.
JPII señalaba que “Bastaría una palabra cordial, un gesto afectuoso, e inmediatamente algo se despertaría: una señal de atención y de cortesía puede ser una ráfaga de aire fresco en lo cerrado de una existencia, oprimida por la tristeza y por el desaliento” (11 febrero 1981).
Ser amable es hacer presente a Dios en medio nuestro: “Si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros, y su amor a llegado a nosotros a la perfección”. ¡Qué bien lo pasamos cuando tratamos amablemente a los demás! Constatamos que el ambiente cambia, dan ganas de quedarse más rato compartiendo, surgen iniciativas en bien de los demás. Todo se hace “de buena gana” cuando se pide con amabilidad.
Por el contrario, quien vive imponiéndose, tratando con aspereza y desprecio a los demás se hace simplemente insoportable. La vida social se ve quebrantada cuando olvidamos el mandato de Jesús dado en la Ultima Cena: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”, es decir procurando practicar con frecuencia y naturalidad las distintas obras de misericordia a que nos invita nuestra Iglesia Católica: visitando a los enfermos, escuchando con tiempo a nuestros abuelos, corrigiendo caritativamente a quien no se porta bien, consolando a quien está afligido y angustiado porque la vida se le hace difícil.
Madre nuestra, dame una voluntad fuerte y sincera.
Dame un corazón grande donde quepan todos.
Dame unos ojos limpios y un corazón nobles para mirar y acoger.
¡Ayúdame a eliminar la crítica de mi vida y alejarme del egoísmo!
¡Ayúdame, Madre de la amabilidad, a ser siempre generoso con el que lo necesita! ¡Madre amable, ruega por nosotros! Y haznos como tú. Amén.

Fuentes: http://ourladyofmercyofclareport.blogspot.mx http://www.mariologia.org

Equipo Fatimazo por la Paz

No. 10 Serie Letanías Lauretanas

Categorías: Fatimazo

2 commentarios

Monica · 11 abril, 2018 a las 10:05 am

Queridos gracias
Hermoso contenido, estoy aprendiendo mucho sobre Maria, Madre mía y estoy, amándola cada día más, tengo mucha ansiedad por seguir aprendiendo más de Ella; está mejor organizado el envío, todo bello.
Lindo día, mil bendiciones.🌺❤️

mananti · 12 abril, 2018 a las 1:45 pm

Gracias a típor tu solidaridad

Comentario