MARIA, MADRE DEL SALVADOR

María es la persona que más puede dar testimonio de Cristo. Dios eligió a María para ser la Madre de Jesús, el Salvador del mundo.

Por su PUREZA y SENCILLEZ María fue escogida por Dios para ser la Madre de su amado Hijo Jesucristo. María acogió con HUMILDE LIBERTAD la invitación de Dios y pronunció su “Si” a la encarnación del Hijo de Dios.

La Virgen María en un acto de OBEDIENCIA a Dios dice: “He aquí la esclava del Señor” y con inmensa FE termina diciendo: “Hágase en mí según su Palabra”. María aceptó colaborar con Dios y su cuerpo empezó a ser como un templo porque dentro estaba su Hijo, que también era el Hijo de Dios.

María al saber que su prima Isabel esperaba un hijo, viaja de Galilea a Judea lo que supone SACRIFICIO y ENTREGA GENEROSA para ayudar a quien necesita. Isabel felicitó a María porque Dios la había elegido para ser la madre de Jesús y porque había creído en lo que la había dicho el Señor. María, con alegría, le dijo que en ella se habían cumplido todas las maravillas que Dios hace con los que son pobres y humildes de corazón.

La Iglesia no sólo llama a María Madre de Dios, sino también Madre del Salvador. En las letanías lauretanas, después de las invocaciones de Santa Madre de Dios y Madre del Creador, se lee: Madre del Salvador, ruega por nosotros.

No existe una dualidad que disminuiría la unidad de la Mariología en la que dominan dos principios distintos: Madre de Dios y Madre del Salvador, asociada a su obra redentora. La unidad de la Mariología se mantiene porque María es Madre de Dios Redentor o Salvador.

María llegó a ser la Madre del Salvador por su consentimiento y por todas las virtudes que mencionamos arriba. Con toda seguridad, María no ignoraba las profecías mesiánicas y en particular las de Isaías, que anunciaban claramente los sufrimientos redentores del Salvador prometido. Pronunciando su Fiat el día de la Anunciación, aceptó generosamente desde ese momento todos los dolores que les ocasionaría, a Ella y a su Hijo, la obra de la redención.

María se convirtió, pues, voluntariamente, en la Madre del Salvador como tal, comprendiendo siempre que el Hijo de Dios se hacía hombre por nuestra salvación, como dirá el Credo.Desde entonces se unió a Él como sólo una Madre y una Madre santísima puede hacerlo, con una perfecta conformidad de voluntad y de amor por Dios y por las almas.

En Ella toma una forma especial el precepto supremo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu espíritu y al prójimo como a ti mismo (Deum 6, 5; Lc 10, 27). Nada más sencillo, más profundo y más grande.

La Madre del Salvador comprendía cada vez mejor cómo debía cumplir su obra redentora. Le bastó con acordarse de las profecías mesiánicas bien conocidas por todos. Isaías había anunciado las humillaciones y los sufrimientos de Mesías, que los soportaría para expiar nuestras faltas, que sería la inocencia misma y que conquistaría las multitudes por medio de su muerte generosamente ofrecida. David, en el salmo 22: Dios mío Dios mío, ¿por qué me has abandonado? María conocía, evidentemente, lo anterior y lo meditaba en su corazón.

María se convierte, al dar su consentimiento el día de la Anunciación, en la Madre del Salvador. De este consentimiento: hágase en mí según tu palabra, depende todo lo que sigue en la vida de la Santísima Virgen, como toda la vida de Jesús depende del consentimiento que dio al entrar en este mundo cuando dijo: No quisiste sacrificio ni ofrenda, sino que me diste un cuerpo… Heme aquí que vengo, Oh Dios, para hacer tu voluntad (Heb 10, 6, 7).

REFLEXION: Pidamos a nuestra madre santísima, Madre del Salvador y madre nuestra, que nos alcance la gracia de imitarla en las mismas virtudes por las cuales Ella fue elegida Madre del Salvador: obediencia, pureza, humildad, entrega generosa, sacrificio, sencillez, fe. Con toda seguridad esta buena y santa madre no nos lo negará si lo pedimos con sincero corazón, con el fin de rendir mayor honor y gloria a Dios con nuestras vidas.

Ave María Purísima, sin pecado concebida. Dios les bendiga.

Referencia:

Devocionario.com

Del libro Explicación de la letanía, del padre Francisco Javier Dornn

Servicio Católico Hispánico

Catholic.net

Mariela Gastelum Treviño de Loret de Mola

No. 14 de la Serie Letanías Lauretanas

 

Categorías: Fatimazo

1 comentario

Laura silva · 7 mayo, 2018 a las 7:22 pm

Cuanta profundidad hay en este bello título, yo creo que no sólo es madre del Salvador, ella nos salva también a nosotros, esta con nosotros en todo momento, sólo que ella espera que nosotros aceptemos su ayuda, para llevar acabó esa transformación en nosotros y así poder realizar la Salvación del mundo entero.Gracias

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