El Ángel de Portugal enseñó a los niños con sus gestos y sus palabras a orar, adorar y reparar a Dios

Así, nos enseña a fijar nuestra adoración únicamente en Dios.

Podemos considerar las verdades siguientes:

1.La existencia de los ángeles.

Los libros de la Sagrada Escritura o Santa Biblia, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, hablan con plena claridad de ella. El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 60, enseña que «son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad. Los ángeles, contemplando cara a cara incesantemente a Dios, lo glorifican, lo sirven y son sus mensajeros en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres».

2.Las dos partes de la oración del Ángel.

Sobre la primera:

—¿Acepto todas y cada una de las verdades de fe contenidas en el Credo?
—¿Adoro a Jesucristo, como Perfecto Dios y Perfecto Hombre, en la Eucaristía, tanto en la Santa Misa como en las Exposiciones Eucarísticas?
—¿Espero en Dios en todas las circunstancias, adversas y menos adversas? 
¿Amo a Dios haciendo lo que El me pida en cada momento, y cuando le
desobedezco le pido perdón?


Sobre la segunda:
—¿Ofrezco actos de desagravio a Dios, como los niños, por los que no creen, no adoran, no esperan y no le aman?
¿De qué maneras y en qué situaciones?

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