El Papa Juan Pablo II, recientemente canonizado, aprobó un Decreto de la Congregación para el culto divino, que incluye, de manera oficial para toda la Iglesia la invocación “Reina de la Familia” en la letanía Lauretana.

Las familias tenían necesidad de con­templar a María como Reina de la familia. Un título que faltaba en las letanías.

Y María siendo Reina fuerte, comprometida con las fami­lias; que ha sido parte de una fami­lia; que conoce sus dificultades; que las protege del demonio, enemigo abiertamente declarado de las familias, cuyo pri­mordial y maléfico pensamiento hoy es: destruir la familia. Y ya ha hecho bastan­te mal.

Dicha invocación recuerda que Dios otorgó un gran valor a la familia, puesto de manifiesto en el mismo plan de salva­ción, al enviar a su Hijo a la tierra, encar­nándose en una familia y teniendo a Ma­ría como madre.

Es una invocación que nos convoca a todos a tomar conciencia del valor de la familia y a reforzar nuestra confianza en la protección maternal de la Virgen sobre las familias. En consecuencia, llamar a María Reina de la familia, es un signo que mues­tra dónde buscar y encontrar la luz y la fuerza para construir la propia familia.

Con esta invocación agradecemos la protección de nuestra Señora a las fami­lias.

Admiramos el ejemplo de la Sagrada Familia y la proponemos como modelo de identificación para familias verdadera­mente cristianas.

La familia es :
• Donde reside el amor de Dios, que es la base de la dignidad del ser humano.
• Donde se crece en el amor, elemento necesario para dar sentido a la vida hu­mana. (María, ‘Madre el amor hermoso’ cultivó el amor de novia, de esposa, de madre y de viuda).
• Donde se cultiva y se cuida con esme­ro el valor de la generosidad con los necesitados, compartiendo con ellos los bienes recibidos; sin olvidar la ge­nerosidad con Dios.
• Donde se respetan las leyes morales en la transmisión de la vida.
• Donde la herencia anticipada para los hijos son los bienes espirituales.
• Donde las familias son verdaderos ‘ho­gares’, no fríos hoteles.
• Donde se ha posibilitado un amor ge­neroso y universal, traducido en voca­ciones consagradas al servicio de Dios en: misiones, monasterios, hospitales, escuelas…

Simultáneamente, llamar a nuestra Se­ñora ‘Reina de la familia’ nos interpela y nos compromete a pedir:

  • Por las familias deshechas por infideli­dades, separaciones y divorcios.
  • Por las familias angustiadas por el pa­ro y por el hambre. (María supo de los problemas que acompañan a la condi­ción humana: estrecheces económicas, críticas, persecuciones…).
  • Por las familias infectadas por la lacra de la droga.
  • Por las familias anegadas en toda clase de bienes materiales, obsesionadas por consumir y permanentemente insatisfe­chas y vacías.
  • Por las familias abatidas por el terroris­mo y los secuestros.
  • Por las familias donde una enfermedad incurable se ha posado en alguno de sus miembros.

Los hogares cristianos tienen que dar entrada a María como Reina, para que una a los miembros y los aliente, ya que ella supo siempre darnos lecciones de ‘amor hermoso’: callando, sufriendo en silencio, y dándose a todo aquel que la necesitaba.

Santa María, ‘Reina de la familia’, rue­ga por todas y cada una de las familias. Que la luz de tu ejemplo brille en cada casa y cada familia goce de tu maternal protección.

Para pensar sobre la familia:

¿En qué piensas?- preguntaron a un joven.
En mi familia, contestó.
¡Bien!, entonces sigue pensando.
¿Quieres, amar a tu familia?
Empieza por no pensar en ti mismo.
El mejor regalo que le puedes hacer a tu familia es ‘tiempo’ para estar con ellos.

Fuente: ciudad redonda.org

No. 51 de la Serie Letanías Lauretanas

Equipo Fatimazo por la Paz.

Categorías: Letanías

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