Reina de los Confesores

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REINA DE LOS CONFESORES 

Una y otra vez hemos repetido en nuestras alabanzas del Santo Rosario,  que María es la Reina de los Confesores, pero sabemos quienes son los confesores, ¿porqué llamamos la María así ? En el lenguaje litúrgico de la Iglesia, se llaman Confesores a todos los Santos que no fueron mártires. 

Confesores, son todos los cristianos que profesan públicamente la Fe en Jesucristo y por ella están prontos a dar la vida. Confiesan la Fe por su testimonio de vida cristiana. 

Mártires son aquellas personas que padecen la muerte, por amor de Jesucristo y en defensa de la fe y de la religión, ganan el cielo por defender  la Fe y  la religión 

Confesor es, según San Gerónimo, el que confiesa su fe en Cristo, con la boca y la comprueba con obras, según ésta regla, consideramos en María Santísima la fe  y las buenas obras, ninguno de los santos puede comparársele, aun entre los Apóstoles, nadie fue tan constante como Nuestra  Señora en la FE, Ella siguió a su amado Hijo, no sólo en medio de los oprobios y tormentos de su Pasión, sino que subió generosamente al Calvario con Él, para verlo consumar el sacrificio de nuestra redención.  Los apóstoles habían reconocido a Jesucristo como Hijo del Dios vivo, pero en el tiempo de la Pasión, infieles a la confesión de su fe, la disimularon y escaparon. No ocurrió así con María, que siempre constante y fiel, lo reconoció como su Dios en todo el curso de su Pasión y sobre la Cruz. Los grandes del Nuevo Testamento son los que entran en esta lista envidiable: apóstoles, mártires, confesores, vírgenes… de TODOS es la Reina, la que los supera a todos, la que les ha dado la fortaleza en sus batallas, la que les ha guiado hasta el cielo y hasta la santidad. Reina de muchos, Reina de los mejores, porque eres la Mejor de todos. Reina de los santos. Podría ser reina de ti y de mí, si llegamos a ser tales. Hay que ganarlo con esfuerzo y constancia. La posibilidad está abierta, mientras dura la vida. Todos los santos han amado de manera particular a su Reina. Y Dios los premia de manera muy especial en el cielo, por haber honrado tan hermosamente a su Joya.
¡Oh! María, Madre Mía, Reina de mi Corazón, ayúdame a siempre estar dispuesto a confesar mi Fe, a trabajar por ella y a compartirla con quienes me encuentre mi camino.


María, Madre Mía, Reina de los Confesores, Rogad por nosotros que recurrimos a Vos.  

Fuentes:

Letanías del Rosario meditadas, Padre Mariano de Blas L.C.,Mariologia.org,

Explicación de la Letanía, Padre Francisco Javier Dornn, Puebla 1834Aciprensa, sitio Web

Clarita Silva de Servin

Equipo Fatimazo por La Paz


No. 45 Serie Letanías Lauretanas

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Categorías: Letanías

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