Invocando a María como Reina del Santisimo Rosario, deseamos reconocer  su lugar eminente en la obra de nuestra salvación, por que es ella, quien con su gran amor materno, intercede por nosotros y es ella quien  en muchas de sus apariciones nos ha pedido que recemos diariamente el Santo Rosario ….”Recen el Rosario todos los días, para alcanzar el fin de la guerra y La Paz del mundo… Fátima 1917.

En el Santo Rosario, mientras se honra a la Virgen María con el paso de las Avesmarías, se contemplan en la mente y el corazón los grandes momentos y misterios de la vida de  Jesús. 

El Santo Rosario es la plegaria que nos ayuda a estar en compañía de Cristo, para conocerlo mejor, asimilar sus enseñanzas y vivir su misterio. ¿Y quién mejor que María puede acompañarnos en éste itinerario de la mente y el corazón?

Al terminar el Siglo XII y a principios del XIII, se manifestaron algunos herejes, llamados albigenses, que invadieron el sur de Francia, parte de España y de Italia; sus errores atacaban los Dogmas fundamentales de la fe, de la moral cristiana y minaban las bases de la sociedad civil y constituían una amenaza y un peligro para la Iglesia.

Santo Domingo, el ilustre santo fundador de la Orden de los Predicadores, recibió el encargo de predicar la Divina palabra a aquellos herejes, y convertirlos.

Muy devoto de María, conoció que para abatir, destruir esos errores y devolver a la Iglesia esos herejes, debía buscar la Intercesión de la Virgen Santísima.

Los infundados errores de los albigenses atacaban de modo especial los privilegios y la dignidad de esta excelsa Reina.

“Predica mi rosario”, le dijo la Señora, él destruirá las herejías, promoverá la virtud y atraerá sobre todos las Divinas misericordias.

Y esta celestial inspiración, por la Intercesión de María y por Ella secundada y fecundada por la Divina gracia, triunfó de la obstinación. Santo Domingo predicó e introdujo entre los pueblos la práctica del Rosario y los que estaban en el error lo abandonaron y se convirtieron y desde aquel tiempo esta devoción se practica hasta nuestros días. Tal es la historia del Rosario de María.

• La oración es la fuerza del débil: el Evangelio nos revela esta casi divina debilidad que no resiste a la oración del hombre. Dice el escrito de un autor “La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios”.

• La oración es el consuelo del alma

• La oración es la grandeza del hombre, porque eleva la mente y el corazón a metas infinitas, hasta los profundos abismos de la vida Divina.

Cuan grande es el valor y la excelencia de la oración tanto vocal como mental, Pero este valor y excelencia se acrecentan en el Santo Rosario, porque éste asocia y une la oración vocal y la mental.

Como oración vocal, el Rosario pone en los labios lo mas grande, noble y eficaz que nos enseñaron Jesús y la Iglesia, como oración mental ofrece a la mente y al corazón lo que nuestra religión contiene de más sublime y conmovedor.

La oración dominical (el Padre Nuestro) y la salutación angélica (el Ave María) forman la oración vocal del Santo Rosario: los Misterios de !a vida – pasión – muerte y de la Gloria de Cristo, constituyen la oración mental. El Padre Nuestro, enseñado por el mismo Jesucristo, es la oración mas perfecta, sublime y sencilla a la vez: todo lo que el cristiano puede y debe pedir a Dios está expresado en él.

En la primera parte pedimos la gloria de Dios, último fin de todas las cosas en su conocimiento, en la exaltación de su santo nombre y en el advenimiento de su Reino, pedimos el reino de la gracia en las almas, el reino de la Iglesia en el mundo y el reino de la gloria en el cielo.

En la segunda parte imploramos gracias para nosotros que Dios nos conceda los bienes necesarios y en su misericordia, nos libre de los males especialmente del más grande de todos los males EL PECADO. En el Ave María, le recordamos a Ella la plenitud de la gracia que Dios le otorgó; la sobrehumana dignidad a la cual fue exaltada; las virtudes que le merecieron tan excelsos honores; el inefable elogio que Dios hizo de Ella por medio del Arcángel Gabriel y las felicitaciones de su prima.

Pasamos luego a rogarle a Ella que interponga ante Dios sus omnipotentes (omnipotencia suplicante. San Bernardo) oraciones para nuestro bien en todos los momentos de nuestra vida y sobre todo en el decisivo instante de la muerte.

Veamos ahora la excelencia del Santo Rosario considerado como oración mental.

• El Rosario es un catecismo que nos recuerda los Misterios principales de nuestra Religión; ofrece a nuestra consideración la vida de Jesús y la de su Santa Madre.

• Cuando recemos el Santo Rosario, pongámonos en la presencia de Dios y mientras la boca va repitiendo las oraciones vocales trasladémonos con el pensamiento, por ejemplo a Nazaret y consideremos la humildad de la Virgen que al anunciarle el Angel la divina maternidad responde: “he aquí la esclava del Señor” … y así considerar cada uno de los Misterios.

Los Misterios Gozosos: se contemplan los sublimes y espirituales placeres que vivió María Santísima como madre verdadera de Jesús, Dios y hombre. 

Los Dolorosos: nos recuerdan  las penas inexplicables con que imito y acompañó a su Divino Hijo en la obra de redención del mundo y nos enseña que la vida cristiana está llena de sufrimiento y de dolor, de tentaciones y de pruebas.

Los Gloriosos: los premios sin comparación con que fueron recompensadas todas sus virtudes y alimentan nuestro valor en la lucha y en la esperanza de seguir a Jesús en el triunfo y en la Gloria.

El Rosario en su conjunto nos pone en comunión vital con Jesucristo a través, se puede decir, del Corazón de su Madre, y al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que tiene nuestra vida, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad

¿Y que honra, qué gloria mayor pueden dar a la Gran Reina sus devotos que recordar y celebrar con repetidas alabanzas todo éste misterio? Cuanta honra no recibirá nuestra Madre con la repetición del Avemaría por lo menos cincuenta veces y así caminar por la vida, muerte y resurrección de su Amado Hijo.

El Santo Rosario es fuente de gracias espirituales para las personas y para los hogares. Bienaventuradas aquellas familias que tienen la piadosa costumbre de rezarlo en común.

El Gloria (al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo) que se reza entre cada una de las decenas del Rosario es una oración de alabanza y glorificación a la Santísima Trinidad que también se debe meditar.

Los que no saben meditar basta que recen con exactitud y devoción los Padre Nuestro, las Ave María y los Gloria. Los que son capaces de meditar, procuren acompañar con la mente y el corazón los Misterios, esto es, los hechos, las acciones y las palabras de Jesucristo y de María para alcanzar luces de Fe y buenos propósitos de virtud.

¡Virgen bendita! Poderoso auxilio de los cristianos, te suplicamos enciendas en nuestra mente y en nuestro corazón el amor hacia la prodigiosa oración del Santo Rosario, que podamos rezarlo en la forma más grata a Dios, la más honrosa para Ti y la de más fruto para nuestras almas.

Si rezando el Santo Rosario todos los días podemos ganar el Cielo, vale la pena hacerlo y hacer que otros lo hagan también.

”Dadme un ejército que rece el Rosario, y lograré con él, conquistar el Mundo”. San Pío X.

“Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje”. San Juan Pablo II”

“El Santo Rosario es una oración de meditación: repitiendo el Avemaría se nos invita a volver a pensar y reflexionar sobre el misterio que hemos proclamado”. SS Benedicto XVI

“El Rosario, es la oración que acompaña siempre mi vida; es también la oración de los simples y de Los Santos…es la oración de mi Corazón”. Papa Francisco 

Fuente: Meditaciones sobre las letanías de la Santísima Virgen para el mes de Mayo, Cardenal Newman

Estractos del libro Letanías de la Santísima Virgen, Pbro. Angel Cavatoni

Recopilación:
Clarita Silva de Servin

No. 50 de la Serie Letanías Lauretanas

Equipo Fatimazo por la paz.

Categorías: Letanías

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