SANTA VIRGEN DE LAS VÍRGENES

​El corazón de la Virgen María fue moldeado por la persona divina del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Fue revestido de aquellas virtudes que requería la misión que le seria encomendada: ser la Madre de Jesucristo.

​“Purísima debía ser la que llevaría en sus entrañas al Salvador del Mundo”, teniendo un “estilo” de vida único, incomparable a cualquier otro por virtuoso que fuese. En realidad, ante la Virgen nada es comparable por eso esta segunda letanía o alabanza hacia su persona y virtudes reconoce la vinculación entre ser santo y el camino de la virginidad: Ello no sólo es compatible, sino que se exige mutuamente.

​Nuestra Madre del Cielo vivió consagrada desde su más tierna infancia, por ello ningún segundo de su vida estuvo al margen de la vivencia de esta virtud. Esto aparece elocuentemente citado en los evangelios en el encuentro de la Virgen con el Arcángel Gabriel el día de la Anunciación, el cual, ante el recuerdo que hace la Virgen María en orden a estar consagrada por el voto de virginidad, recibe como respuesta del Cielo: “El niño que tendrás será obra del Espíritu Santo”, con lo cual antes, durante y después del parto Ella conservaría su estado virginal, querido y aceptado por Dios mismo.

​Sin duda, María siempre vivió virginalmente. La Santa Biblia señala como signo de la venida de Cristo al mundo que “nacería de una virgen” (Isaías VII, 14). De la única mujer que la Santa Biblia aplica con propiedad el apelativo de “Virgen” es de María Santísima:

​San Lucas I, 27: “A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María”.
​San Mateo I, 23: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

​Desde el inicio de la vida de la Iglesia los creyentes nos hemos dirigido a Ella como “la Virgen”, reconociendo el carácter exclusivo de su total consagración.

​En los Santos Evangelios se habla de los parientes cercanos a Jesús como sus “hermanos”, lo cual se debe a que en Israel los primos y los primos hermanos eran denominados como “hermanos” sin serlo más que por la extensión de la pertenencia de parentesco.

​En la actualidad muchos amigos se tratan mutuamente de “hermanos”, al interior de una comunidad religiosa nos solemos tratar de “hermanos”, sin que por ello haya una vinculación genética. Por esto, sólo de Jesús se habla del hijo de María, lo que evidencia el carácter de la virginidad perpetua.

¿Qué lecciones podemos sacar de esta alabanza “Santa, Virgen de las vírgenes”?

a) Primero, que Ella está a la cabeza de todas las vírgenes: En el plano de la naturaleza las cosas más valiosas son las más puras. Un brillante mientras más puro más valioso; el oro mientras más puro más cuesta, el agua mientras más pura más tonifica; el aire mientras más puro más oxigena…en fin la lista es amplia, y nos ayuda a valorar mejor cómo el don de la virginidad hace bien a la comunidad, pues valoriza a la persona y fortalece los vínculos de la amistad, de la convivencia, y de toda vida social en general.

b) Segundo, que es la Reina de todas las vírgenes consagradas: Al inicio de tantas vocaciones de servicio a los demás, como de consagración perpetua y exclusiva en el sacerdocio, está la vivencia de una virginidad que vence el egoísmo con la capacidad de servir.
​Por eso, la Virgen María es la primera en la fila al momento de ayudar a quien lo necesita, y su carácter real emerge de su especial consagración en el camino de la virginidad. Debemos valorar el servicio que prestan tantas almas consagradas, en la vida “religiosa” y en la vida “laical”, inmersos en el mundo de la educación religiosa, de la atención a los enfermos, de la evangelización y misiones en tantos lugares, en la mantención de obras de caridad, todo lo cual tiene un engaste precioso en el don de la virginidad.

c) Es el mejor ejemplo para seguir la virginidad: Toda la vida de María Santísima es ocasión de admiración, pero también de imitación, porque Ella ha sido puesta como un puente que une a Dios con el hombre llamado a la perfección, donde la virginidad es un signo que anticipa la vida que tendremos en el cielo.
​A lo largo de la vida se puede ofrecer espiritualmente a Dios esta consagración virginal, como niños, adolescentes y jóvenes reservándose para la recepción del santo matrimonio o una especial consagración religiosa y sacerdotal.
​El ejemplo de la Virgen que desde niña se consagra a Dios es una invitación a seguir con “determinada determinación” las opciones que debamos asumir a lo largo de la vida, enfocando desde el amor de Dios todos los caminos que nos invita a recorrer. Un corazón virginal es capaz de tomar opciones limpias y firmes a lo largo de toda la vida, de ello la Virgen María es el ejemplo número uno.

​Imploremos a Nuestra Madre del Cielo, la Santa Virgen de las vírgenes, ¡que nos conceda imitar su entrega total a Dios en cualquiera que sea nuestro estado de vida!

Tomado de la MEDITACIÓN SEGUNDA / MES DE MARIA / AÑO 2017 Pbro. Jaime Herrera González. Párroco de Nuestra Señora del Puerto Claro, Valparaíso en Chile.

No. 2 de la Serie Letanías Lauretanas

Categorías: Fatimazo

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