VASO ESPIRITUAL

“¿No dispone el alfarero de su barro y hace con el mismo barro una vasija preciosa o una para el menaje? (Carta a los Romanos 9, 21)” 

En María, Dios decidió hacer la mejor vasija para recibir a Jesús. Desde su concepción, sin pecado concebida, fue elegida y preparada para recibir los dones y gracias indispensables para ser la madre de Dios. Los dones y gracias de que la proveyó, sus sentimientos, inteligencia y religiosidad la hacen llena de espiritualidad. Aquella espiritualidad en la que Dios depositaría a su Hijo. Así pues María es el vaso espiritual, el vaso perfecto que tuvo en sus entrañas al hijo de Dios y que luego en sus brazos y bajo su cuidado aprendería a ser hombre, el mejor hombre de todos, el que vino a salvarnos.

Veo a María con el Niño en sus brazos. Veo a Jesús protegido en los brazos de su Madre.  Y veo en ambos una ternura de amor y perfección sin igual. Esos brazos en los que Dios depositó en María a su único Hijo , su Bien Amado tenían que ser los mejores. Esa mujer bella, pura, decidida, llena de gracia, llena de Dios y digna de esa responsabilidad es la mejor madre. Y tan grande es su capacidad de dar y amar que Jesús sabiéndolo da cabida en su Inmaculado Corazón para todos nosotros: “He aquí a tu Madre”.

Yo, imperfecto vaso de barro, quiero ser como María y recibir y acoger en mi a Jesús. Amar y dar como ella. Tener un alma limpia, pura y en gracia que me haga ser vaso digno de recibir a Jesús en mi.

 

Leidy Rosado Novelo. Equipo Fatimazo por La Paz.

No. 26 de la Serie Letanías Lauretanas

Categorías: Fatimazo

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