VASO HONORABLE

 

En las Sagradas Escrituras se reconoce a María como Vaso Admirable obra del Altísimo. Se llama vaso a María Santísima por ser tálamo del Hijo de Dios, albergue especial del Espíritu Santo, y triclinio de la Santa Trinidad. De ahí lo que se dice “El que me creó reposó en mi tienda”.

Si el ostensorio, que sirve para exponer la Hostia consagrada es un vaso tan honorable que no está permitido tocarlo sino a los sacerdotes y a las personas consagradas a Dios, ¿María no es, con mayor razón, un vaso de mayor honor, ya que el Verbo divino se encarnó en su seno, y quiso habitar en él nueve meses?

El Santo Sepulcro, en donde solo por tres días estuvo encerrado el Cuerpo de Jesús, es glorioso y venerado y visitado por muchísimos fieles. Ahora bien, ¡¡cuánto mayor honor y veneración se debe a María, de cuyo cuerpo tomó vida el Divino Hijo!!

 Santo Tomás de Aquino dice que en la Sagrada Escritura los hombres son comparados a los vasos, o se llaman vasos por cuatro razones:

1–  Por cómo fue hecho; por la materia y por la forma que el artífice le da; y que es tanto hermoso, cuanto más preciosa es la materia de la que está hecho.

Por eso decimos en las Letanías que María es un “Vaso de Espiritual y Vaso Honorable”, por ser tan pura, tan bella y tan hermosa de alma; la criatura más hermosa, después de Jesús. Dios se esmeró en ella porque iba a ser la Madre de su Hijo encarnado. Y puso todo su saber, todo su amor, todo su arte al hacerla.

2–  Por lo que contiene. El vaso es más estimable si está destinado a contener lo mejor.

Y ninguna criatura, es más apreciable que María, porque está llena de gracia (Llena eres de gracia, la dirá el ángel) desde el primer momento de su concepción; llena de Dios. Y tanto más estuvo llena de Dios, cuanto más vacía estuvo de sí misma.

3-  Por el uso que se da. La importancia y valor del vaso, se estima, además, por el uso al que se destina.

María fue destinada a lo más grande que podría aspirar una criatura: su Maternidad Divina.  Por eso, Dios la dotó de todos los privilegios posibles. Y no se quedó corto.

4–  Por el fruto. El fruto suyo fue Jesucristo (Dice el Evangelio: “Por sus frutos lo conoceréis”).

Pero Ella tuvo que consentir libremente: “Hágase en mí según tu palabra”. El Fruto de este Vaso es Jesucristo, y todo lo que nos vino con Él: el Reino de Dios aquí en la tierra y el Reino de Dios en el cielo.

María es Vaso digno de ser honrado por todos. A María no se le puede faltar al respeto, es una ingratitud y una grosería sin nombre. Cierto es que Jesús mismo siempre le ha dado gran honor, unido al más tierno amor, a su Santísima Madre. Pues si el mismo Dios le honra, tanto más debemos nosotros, miserables hombres, rendirle grande y perpetuo honor y veneración a la Madre de Dios.

 

REFLEXION: Oremos por la conversión de los que, con la Biblia en la mano, predican que María no es la Madre de Dios. Al llegar al cielo, Ella les va a abrir la puerta. Antes que nada, tendrán que pedir atentas disculpas. Y al presentarse ante Dios las disculpas deben ser muy serias, porque, aunque de buena fe, toda su vida dijeron que la Madre de Dios no era su Madre. Eso es muy fuerte.

Vaso Honorable, ruega por nosotros.

Extractos de:

Devocionario.com

Del libro Explicación de la letanía, del padre Francisco Javier Dornn

Servicio Católico Hispánico

Catholic.net

Mariela Gastelum Treviño de Loret de Mola

No. 27 de la Serie Letanías Lauretanas.

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Categorías: Fatimazo

1 comentario

Andykaufmancharactertony · 22 agosto, 2018 a las 11:56 am

Thanks so much for the post.Really thank you! Great.

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