VASO INSIGNE DE DEVOCIÓN

María Santísima es un vaso sagrado, como una patena que ha encerrado al Verbo en sus entrañas; es un cáliz precioso, porque encerró en sus venas la sangre de Jesús, la que se derramaría en Getsemaní, en la flagelación y en el Calvario.

Vaso digno de ser honrado por todos: a la Virgen María no se le puede faltar al respeto, es una ingratitud y una grosería sin nombre.
Los que, con la Biblia en la mano, predican que María no es la Madre de Dios… al llegar al cielo, les va a abrir María la puerta. Antes que nada tendrán que pedir atentas disculpas. Y al presentarse ante Dios las disculpas deben ser muy serias, porque, aunque de buena fe, toda la vida dijeron que la Madre de Dios no era su Madre.
Eso es muy fuerte.

Cuando hablamos de devoción a la Santísima Virgen, nos referimos a un sentimiento de profundo respeto y admiración inspirado por la dignidad, la virtud y los méritos de la Madre de Dios.
Por eso los que sinceramente tienen una gran devoción a María están en el justo y recto camino. Dios los bendice y los premia. Amar y bendecir a su Madre, es amarlo y bendecirlo a Él mismo. Si Él dijo: “Todo lo que hacéis a uno de mis hermanos más pequeños me lo hacéis a Mí”, ¿qué decir cuando se lo hacen a su misma Madre? Se lo hacen a Él en persona.
No tengan miedo, por tanto, los que aman a María, Madre de Dios. Sepan que cuentan con Su bendición.
Vaso insigne de devoción, es decir que merece nuestra devoción, amor y cariño como nadie.
Pues si el mismo Dios le honra, tanto más debemos nosotros rendirle grande y perpetuo honor y veneración a la Madre de Dios.

Marisol Solis, equipo Fatimazo por La Paz.

Extractos de:
Devocionario.com
Del libro Explicación de la letanía, del padre Francisco Javier Dornn
Servicio Católico Hispánico.

No. 28 de la Serie Letanías Lauretanas

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