Virgen prudentísima.

La Prudencia es la virtud que nos dispone a elegir nuestro verdadero bien y a elegir los medios correctos para alcanzarlo. Para llegar a obtener esta virtud debemos pedir a Dios que nos ilumine lo que debemos hacer, decir y evitar, así como consultar a los que saben más que nosotros para no actuar nunca de forma precipitada, sin antes pensar y consultar. Sin duda, la mejor intercesora para alcanzarnos esta virtud es la santísima Virgen María.

 

¿Quién podrá concebir la sabia prudencia que María conservó en el momento en que el enviado del Padre eterno se presentó delante de ella? Cuando la llamó llena de gracia y bendita entre las mujeres, ella se turbó, y no comprendió como semejante elogio podía serle dirigido: a la vista del grado de elevación al que se le destinaba, se humilló delante de Dios y se creyó dichosa de merecer la calidad de esclava. Luego, recibiendo la confirmación del ángel, no dudó que todo lo que se le acababa de anunciar ocurriría; y lo creyó sin buscar comprenderlo. Ella no pidió un signo, no dudó como Zacarías. Ninguna objeción al Ángel, ninguna pregunta y ninguna curiosidad propia del alma débil. María no dijo más que las palabras absolutamente necesarias, unas para destacar el voto de virginidad que había hecho, las otras para destacar su obediencia a la voluntad del Señor. Tal fue la prudencia sublime de María que debemos admirar siempre, ya que es imposible alabarla tan dignamente como merece.

 

En las Sagradas Escrituras encontramos que Salomón dice “el que modera sus labios es prudentísimo”, y esto es exactamente lo que hizo la santísima Virgen a lo largo de su vida terrena, Ella siempre moderó sus labios, tanto, que solo se encuentran escasas referencias en la Santa Biblia de sus palabras: cuando habló al Arcángel San Gabriel, cuando habló a santa Isabel, cuando encontró al Niño Jesús en el Templo, y en las Bodas de Caná; todas sus palabras contenían muy grande edificación y singular prudencia. Y, entre las vírgenes prudentes, sin duda, María con toda justicia es la primera entre ellas, porque absteniéndose de todo pecado conservó enteramente el aceite de la Gracia.

 

ANÉCDOTA:

El bienaventurado Simón Stock pedía a menudo a la Santísima Virgen que la enseñara una forma en que pudiera honrarla. Un día que estaba en oración delante de la imagen de la Santa Madre de Dios, se le apareció llevando en sus manos un escapulario, que le dio, agregando que era el medio que ella deseaba que utilizara para servir a su gloria, y que lo mirara como un signo de salvación, de suerte que cualquiera que lo llevara santamente hasta la muerte, no caería en las penas del infierno. Los Soberanos Pontífices, que expidieron bulas y concedieron indulgencias a favor de esta devoción, incluso los reyes como San Luís, se apresuraron a entrar en la Asociación del Escapulario. Pero nada sirvió más para difundir esta santa devoción que los prodigios que el cielo operó a favor del Escapulario. Uno de los más señalados, fue el que ocurrió en el sitio de Montpellier:

 

Un soldado que llevaba consigo esta prenda de devoción a María, recibió una herida de mosquete cuando se lanzaba al asalto; pero la bala, después de haber atravesado su uniforme, se detuvo frente al escapulario sin hacerle ningún mal. Luís XIII, que se encontraba en el sitio, fue testigo de este prodigio de protección. En consecuencia, se apresuró a tomar este santo hábito cuyo efecto sorprendente acababa de ver.

 

Imitemos la prudencia de la Santísima Virgen, llevemos su escapulario, porque María nos protege contra el peligro, especialmente a la hora de la muerte.

 

Oración: Oh prudentísima Virgen María, te ruego me alcances de la Sabiduría Encarnada, tu Hijo Santísimo, la gracia de ser prudente en mis palabras, en mis acciones y en la salud de mi cuerpo, de tal suerte que siempre recoja el aceite de buenas obras con las cinco vírgenes prudentes, y así, sea admitido en la casa del Esposo Celestial. Virgen Prudentísima, Ruega por nosotros

Extractos de:

Devocionario.com

Del libro Explicación de la letanía, del padre Francisco Javier Dornn

Servicio Católico Hispánico

Catholic.net

Mariela Gastelum Treviño de Loret de Mola

No. 16 de la Serie Letanías Lauretanas.

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Categorías: Fatimazo

1 comentario

galevy · 29 mayo, 2018 a las 8:58 am

Thanks so much for the post.Really thank you! Keep writing.

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