María es nuestra Madre de la Esperanza porque los creyentes al considerar la vida como un viaje por el mar de la historia, necesitaban como los marineros una estrella que los guiara, por eso es que desde el siglo VII se le empezó a llamar “Estrella Del Mar”. Y al ser estrella su luz los llenaba de esperanza, cual faro en las costas va guiando a puerto seguro.

Pero, ¿cómo llegaron a esta conclusión los cristianos? Llegaron a esa conclusión al contemplar como la misión de la Virgen María, estuvo marcada por la Esperanza (Cfr. SS 50).

De manera especial cuando leemos los relatos de la pasión y resurrección de su Hijo, después de estar al pie de la Cruz recibiendo el encargo de ser nuestra Madre, la Virgen desaparece y la volvemos a contemplar unida a los apóstoles que esperaban la llegada del Espíritu santo en el cenáculo.

¿Dónde estaba María durante la resurrección y posteriores apariciones de su Hijo?, ¿por qué no estaba entre las mujeres que llevaron perfumes al sepulcro?, ¿por qué no corrió como Pedro y Juan cuando les dijeron que la tumba estaba vacía? ¿Por qué no estaba con los apóstoles que se encerraron por miedo a los judíos el mismo día de la Resurrección cuando Jesús se les apareció y les dió la paz? María estaba meditando en su corazón que el Padre resucitaría a su Hijo, tenía la certeza del triunfo de su Hijo sobre el pecado y sobre la muerte, ella esperó contra toda esperanza.

Hay una bella tradición en que el pueblo conmemora al amanecer del día de la resurrección el “Santo Encuentro”, pues, aunque no está en los Evangelios se piensa que Jesús a la primera que se le apareció es a su Madre, como un premio a su firme esperanza.

Si el apóstol Tomás y los discípulos de Emaús hubieran acudido a ella, seguramente no habrían caído en la incredulidad y la tristeza.

Por eso nosotros con toda seguridad podemos invocarla como Madre de la Esperanza y así como los marineros acuden a ella como Estrella Luminosa, así le pedimos que en medio de las incertidumbres de este mundo nos lleve a puerto seguro, nos lleve a Jesús, nos oriente hacia el Reino del Padre.

Pidámosle con el canto “Santa María de la Esperanza” del autor Rafael Andrés, que ella que esperó cuando todos vacilaban el triunfo de Jesús sobre la muerte, nos ayude a esperar que la vida de su Hijo anime nuestro mundo para siempre y por eso que mantenga el ritmo de nuestra espera.
Así sea.

+ Pedro S de J Mena Díaz
Obispo Auxiliar de Yucatán

Categorías: Letanías

1 comentario

Ivette Laviada · 24 junio, 2020 a las 3:24 pm

Muchas gracias Mons. Pedro Mena por esta hermosa reflexión; pedimos a María que nos enseñe el valor de la dulce espera y acudimos a Ella para que nos guíe hacia Dios.

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